EL RIESGO DE DOMESTICAR LA CURIOSIDAD




Una de las competencias clave según la normativa educativa nacional es la Competencia personal, social y de aprender a aprender. Pero, ¿Qué significa aprender a aprender? Este concepto hace referencia a la capacidad que debemos estimular en el alumnado para gestionar de manera autónoma su propio proceso de aprendizaje. No se trata solo de enseñarle conocimientos, sino enseñarle a construir un método personal que le ayude a seguir aprendiendo allá donde le lleve su curiosidad a lo largo de toda la vida.

 

Uno de los rasgos importantes para comenzar a generar estrategias en este sentido es el autoconocimiento. Cada alumno aprende de forma diferente, y los métodos educativos formales no se pueden ajustar a las particularidades de cada uno de ellos. Por lo tanto, saber qué medios son los más atractivos para uno mismo, ayuda a que el aprendizaje sea más dinámico, ameno e incluso divertido.  

 

Sin embargo, lo que de verdad nos va a ayudar a lanzarnos a navegar en busca de respuestas, es el autoconocimiento de aquello que conecta con nuestra esencia, con aquel niño que hacía las cosas como un fin en sí mismo y no como un medio para conseguir otros fines. Ese niño curioso, muere entre otras cosas, porque la escuela le enseña que aprender es aburrido. Obligarle a aprender cosas que no le interesan, forzarle a leer libros que le aburre, enseñarle cosas que para él no tiene ninguna aplicación cercana. Todos esos años anclados a una silla, escuchando un discurso de lo más tedioso, hace que al salir de la etapa académica, el saber genere rechazo. Ya lo decía Ken Robinson, “la escuela mata la creatividad”.

 

No obstante, aprender de forma autónoma, lo hacemos de manera natural. Cuando sentimos curiosidad por algo, de manera orgánica buscamos información y escuchamos a personas que saben sobre ese tema. La motivación intrínseca, la que mejor responde a nuestra naturaleza más íntima, es la mejor fuente de energía para empujarnos a responder a las preguntas que nosotros mismos nos hacemos. La curiosidad es la llave del conocimiento.

 

En este sentido, el concepto de PLE (personal learning environment) nos ayuda a organizar este modelo de aprendizaje natural, el que hacemos porque nos llama la atención algún tema concreto. Sin embargo, bajo mi punto de vista, hay que tener cuidado para no volver a encorsetar en una sistematización artificial la curiosidad innata. Cuando autores que tratan el PLE mencionan cuestiones como la planificación, la supervisión del proceso, la autoevaluación de los resultados, la organización del tiempo, establecer metas, comenzamos a instrumentalizar la curiosidad. Parece que tenemos siempre que tener un objetivo, algo que alcanzar, un lugar al que llegar, sin embargo, el fin no es lo importante, sino el camino. El fin no debe exceder más función que la de motivarnos, solo así nos es de utilidad, es como el horizonte de Galiano. Eduardo Galiano decía algo así como “¿Para qué sirve el horizonte?, cada paso que damos, él da dos. No obstante, el horizonte nos es útil porque nos ayuda a caminar”.

 

En conclusión, el PLE es un concepto interesante, pero existe el riesgo de que nos lo tomemos demasiado en serio y eso mate el placer de aprender. El descubrir es un proceso salvaje, que nace de nuestra curiosidad natural, sistematizarlo demasiado puede acabar por domesticarlo, y dejarlo por siempre en una jaula cuya puerta, aunque esté abierta, solo nos recuerda el miedo a volar.


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