Aprender para enseñar a mirar: el PLE en la Educación Plástica de Secundaria. Almudena Pérez Pardo

Vivimos rodeados de imágenes, pantallas y lenguajes visuales que cambian sin parar. Pintura digital, animación, diseño, fotografía, memes: todo forma parte de una cultura visual en constante evolución. En este contexto, enseñar Educación Plástica, Visual y Audiovisual significa mucho más que enseñar a dibujar o analizar obras. Es invitar a mirar, crear y entender el mundo desde el arte.

Para quienes nos dedicamos a la docencia artística, mantenerse actualizado es un reto apasionante. Las metodologías, los recursos tecnológicos y las referencias visuales se transforman con rapidez. Por eso, contar con un Entorno Personal de Aprendizaje (PLE) se ha vuelto fundamental. Pero ¿qué es exactamente?

Un PLE es el conjunto de herramientas, recursos, personas y estrategias que cada quien elige para seguir aprendiendo de manera continua y autónoma. No depende de una institución, sino de la curiosidad y la iniciativa personal. En mi caso, he construido un PLE que me permite crecer como docente y como creadora, combinando el arte, la tecnología y la reflexión pedagógica.

Mi entorno se organiza en torno a cuatro ejes: mantenerme al día en tendencias visuales, probar nuevas metodologías educativas, mejorar mis competencias digitales y reflexionar sobre la enseñanza artística. Este equilibrio me ayuda a no dispersarme y a enfocar mi desarrollo profesional.

Para inspirarme y aprender, recurro a muchas fuentes: blogs de arte y diseño, revistas digitales, canales de YouTube sobre dibujo, animación o edición audiovisual. Utilizo agregadores de contenidos que me avisan cada vez que aparece algo nuevo e interesante, lo que me permite estar informada sin perderme en la avalancha digital.

También dedico tiempo a organizar y seleccionar contenidos. Guardo artículos en marcadores, creo paneles visuales según temas (por ejemplo, ilustración, proyectos o evaluación) y recopilo obras y referentes que luego uso en clase. Estas herramientas no solo me ayudan a enseñar mejor, sino que alimentan mi propio proceso creativo.

Una parte clave de mi PLE es crear materiales: recursos gráficos, guías visuales, presentaciones o infografías. Mientras los diseño, reviso mis propias ideas y descubro nuevas formas de explicarlas. Es un ejercicio de aprendizaje tanto como de enseñanza.

Pero el aprendizaje no ocurre en soledad. A través de las redes sociales y comunidades digitales formo parte de una Red Personal de Aprendizaje (PLN) donde conecto con otros docentes de arte, artistas y personas apasionadas por la educación visual. Compartimos experiencias, intercambiamos recursos y nos inspiramos mutuamente. Esa conexión humana —aunque sea digital— resulta esencial para seguir evolucionando.

Mi PLE no es algo cerrado. Lo reviso cada cierto tiempo, descarto herramientas que ya no me sirven e incorporo otras nuevas. Esa flexibilidad es lo que lo mantiene vivo y útil.

En resumen, mi Entorno Personal de Aprendizaje se ha convertido en una brújula que orienta mi desarrollo profesional y creativo. Me ayuda a mantener la mente abierta, a aprender de otros y a disfrutar del proceso continuo de aprender y enseñar a través del arte. Al compartirlo, espero inspirar a más personas —docentes o no— a construir su propio entorno de aprendizaje, un espacio personal donde la curiosidad y la creatividad sean el motor principal del crecimiento.


Almudena Pérez Pardo




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